jueves, enero 17, 2008

Perspectiva estética a propósito de Hugo Chavez

Proyecto Iconográfico Bolivariano

Desde el punto de vista político, social y económico se ha mantenido toda la discusión sobre el presidente venezolano Hugo Chávez pero esta vez la perspectiva se refiere a la noción estética de si mismo y por extensión de su proyecto de nación

Por Francesca Bellini Joseph

Podemos asegurar que de lo que más hemos tenido este año 2008 ha sido de Chávez. Como si se tratara de un mal presagio despedimos un año y saludamos uno nuevo con él; Suena a eternidad dedicar el 2007 y 2008 al partido "pie izquierdo" que promueve a como de lugar una saturación mediática de un presidente que nos tiene a todos absortos con sus discursos que merecen más una risa burlona y una alzada de ceja.

Cada vez que se presenta a un medio de comunicación, que es más que constantemente, lo que maneja Chávez es una imagen misional que corresponde a una estructura político-religiosa cada vez más previsible; lo de Chávez es más bien la vivificación de una estampilla religiosa popular de iglesia rural. Su política de imagen esta bastante atenta a la simulación de la iconografía religiosa como también sus discursos que suenan más a homilía: "Yo soy uno de los que cree que si por la verdad murió Cristo y si por la verdad tiene que morir uno más, pues aquí estoy a la orden".

Como parte de su Ley Orgánica de Cultura que dice que ésta "… puede y debe ser un medio fundamental en la puesta en marcha del proyecto de país contenido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela", Chávez manifiesta sus deseos de construir un foco místico desde donde aleccionar sirviéndose de unas fórmulas estéticas que funcionan tanto para la creación de su imagen a lo misionero-gobernante como para el reflejo de su noción cultural nacional.

Ya en el 2001 habíamos tenido noticias de la destitución de Sofía Imber, fundadora y directora de lo que hasta el gobierno de Chávez había sido el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber MACSI y que en solo una noche los discípulos chavistas borraron su nombre con pintura tachando también la labor emprendida desde el año 73.

Contradiciendo lo que supone ser el Proyecto Cultural Bolivariano, que en el artículo ocho de la ley que antes mencioné dice "…se prohíbe la censura sobre la forma y contenido ideológico de la obra cultural…", los libros que bajo su dirección se habían editado fueron quemados tal como durante el régimen Nazi fueren destruidos tantos o como los otros bajo el Imperio del pirómano Qin Shi Huang en el año 212 AC.

Como decía Heinrich Heine "Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen (Ahí donde se queman libros se acaban quemando también seres humanos)" el gobierno de Chávez se ha propuesto reemplazar los desarrollos culturales y artísticos que sucedían en Venezuela por un proyecto que comience con él y que corresponda a su idea salvífica que parece ser el cimiento del proyecto bolivariano; quien no muestre complacencia corre la misma suerte de los opositores que históricamente no fueron considerados como tal sino como enemigos.

De la Venezuela anterior al régimen de Chávez recordamos su intensa actividad artística, los movimientos que ahí se promovieron como el Cinestimo, que en la escuela venezolana tuvo fuertes desarrollos, y los buenos artistas que en ese país se han formado como los maestros Jesús Rafael Soto y Carlos Cruz-Diez. Venezuela ha mantenido la feria de arte más longeva de Latinoamérica, FIA, reflejo de la tradición que los venezolanos tienen en términos de coleccionismo de arte, pues recordemos también que venezolana es la Colección Cisneros.

Lastimosamente los espacios dedicados al arte como los Museos de Arte Moderno y Contemporáneo son ahora escenarios costumbristas que se dedican a la exaltación del folclore y el arte "nacionalista". El éxodo de artistas de Venezuela es brutal, el perfil que están asumiendo las galerías y los coleccionistas es muy bajo intentando mantenerse a salvo en un medio hostil a las artes.

El proyecto bolivariano, en cuanto a arte se refiere, ha tenido más bien una función destructiva contra una tradición que se había promovido por décadas y que ahora ha quedado velada, reducida y reemplazada por una noción estética que para hacernos una idea, tiene más correspondencias con lo que en Colombia sucedía en los treinta cuando un grupo de artistas, entre los que se cuentan Luis Alberto Acuña, Gonzalo Ariza y Pedro Nel Gómez, se proponían un arte localista interesado fuertemente en paisajes, bodegones, escenas costumbristas, aborígenes y toda suerte de temáticas tradicionales.

Marta Traba sin ninguna piedad e incluso un poco drástica en sus apreciaciones respecto estos pintores, los juzgó y criticó, y aunque la posibilidad de no haberse resistido tan radicalmente a incluirlos como parte del desarrollo plástico en la historia colombiana puede merecer una discusión, los argumentos tan determinantes de Traba crearon las condiciones para que las propuestas plásticas en Colombia se engranaran con los desarrollos artísticos modernos que globalmente estaban sucediendo. En este país, el arte moderno fue la ruptura con esa tradición localista.

Las condiciones que Chávez esta promoviendo a nivel social son precisamente un ámbito donde no hay mucho que esperar de las artes; el destiempo del presidente Chávez aparentemente hace parte de su construcción de nación, una que se alza con el grito del patriotismo que es, como decía Oscar Wilde, la virtud de los depravados. El patriotismo es un ánimo mimético, un culto al Estado promovido por el gobernante para el vulgo erigido a partir de justificaciones superfluas… pero sobre todo el patriotismo es una estrategia publicitaria para la consecución de los intereses del gobierno chavista y como tal promueve una apariencia estética, un plan artístico y cultural, en este caso sirviéndose de la exaltación de lo que su política define como "nuestra Venezuela multiétnica y pluricultural".

Le ha obedecido Chávez a Maquiavelo cuando éste decía que "...es central saber disfrazar bien las cosas y ser maestro en el fingimiento...", y su figura parenética se consolida como el paradigma del nuevo arte venezolano, uno que él encarna y que es solo una pata de su Sacro política.

No es que Chávez sea un Iconoclasta, aunque con borrador en mano este alternado la tradición venezolana desde la perspectiva artística, por el contrario el icono religioso lo encarna él y en ese sentido, su capacidad para crear imágenes es tan productiva como fascinante porque maneja la gestualidad indicada y un simbolismo acertado como parte de su política de imagen.

Así como en la Edad Media las imágenes sagradas servían como proyecto educativo de la Iglesia para adoctrinar a una comunidad ignorante y analfabeta, es decir operaban como medio de dominación, Chávez parece estar consciente del poder de la imagen y sobre todo de una que se identifique con el sistema de creencias populares. A Chávez no le interesa tanto mostrarse como un gobernante sino como un Salvador y en ese sentido sus simpatizantes parecen más prosélitos que otra cosa. Su lenguaje y palabras son tan coloquiales que rayan en lo burdo y sus intervenciones corresponden a una estructura mesiánica calculada con una fórmula que contiene atributos simbólicos y afectivos que le sirven para construir su relato de nación: "El reino de amor y paz de Cristo es el reino del socialismo, ¡el reino del futuro venezolano!"

El presidente tiene una noción iconográfica de si mismo y por extensión del reino que propone construir. Personificando atributos de la tradición cristiana, Chávez recurre a una puesta de imagen muy predecible, las brazos extendidos y manos levantadas como si estuvieran a la expectativa de recibir una entrega de orden espiritual y material acompañándolo de una alocución como "Ojala que un rayo de buen juicio les llegue a los que están tomando decisiones"; el gesto de la oración, las manos unidas que según las filosofías orientales es el contacto directo con dios, dice "Ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar. ¡Huele a azufre todavía esta mesa donde me ha tocado hablar!"

Su puesta en escena es fascinante hay que reconocerlo porque además la completa el resto del reparto que juegan el rol de los elementos de toda estampilla religiosa, el bastón, el haz de luz, el corazón, el dragón, la espada, etc. Si cada icono religioso tiene un contenido tan pesado que normalmente no es dimensionado (como por ejemplo los soldados romanos canonizados y representados como máximas santidades u otros símbolos como la cruz de Cantabria que era la identificación de una orden de monjes militantes), entonces ¿no valdría la pena pensar en los subtextos de la representación iconográfica de Chávez? ¿No es sumamente interesante, una vez reconocemos su militancia mesiánica, prestarle atención a su imagen y reflexionarla desde la perspectiva estética?

Reconoceríamos entonces que esa construcción legitima tanto el verbo como la acción que acompañan la imagen, es decir que la misión salvífica se sobredimensiona y el proyecto de nación se dignifica y "suprasensibiliza", por lo tanto el monumento del Che Guevara erigido en la Montaña del Pico del Águila en la ciudad de Mérida volverá a levantarse cuantas veces quiera el pueblo destruirlo y será cada vez más fuerte y difícil de tumbar (como dijo el Ministro de Cultura Farruco Sesto), porque será digno de una patria semiceleste.

La estrategia de Chávez es cada vez más fácil de detectar porque las fuentes ideológicas a las que recurre; aparentemente no quiso o no supo interpretar a Bolívar cuando dijo ""Jesucristo, Don Quijote y Yo hemos sido los tres grandes majaderos de la historia porque hemos arado en el mar y edificado en el viento y nuestras ideas no han sido comprendidas por la humanidad" pero si vio en Marx una idea reveladora para su política de imagen "la religión es el opio del pueblo".

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