sábado, mayo 11, 2013

CRITICA A EXPOSICIÓN DE "Tramas Invisibles" Pinturas de Arnoldo Carvajal Letelier, de JULIO FERNANDO SAN MARTIN,para "VALIJA CULTURAL.CL"


Se ha inaugurado la exposición “En tramas invisibles”, del artista visual chileno Arnoldo Carvajal Letelier (23 de febrero de 1957), realizada este jueves 9 de mayo de 2013, al interior de la Universidad de Viña del Mar (Dirección de Extensión Cultural), ubicada en la ciudad del mismo nombre…he aquí lo apreciado.
Lo primero que llama la atención, es una pequeña y larga sala apta para este tipo de actividades, de calefacción adecuada, luz y espacio preciso, así como la altura y  tono de sus paredes más bien oscuras, las que hacen resaltar este y todo tipo de obras  pictóricas  más allá del autor, dando la elegancia y cordialidad esperada.
Ya en la enjundia de este cuerpo (frase idónea para lo luego visto), el autor se da el tiempo de cerrar las puertas a sus obras, creando mayor misterio en la espera de lo que vendrá; en cambio, recibe a los presentes con la obertura de un  grupo de cámara, “Mundos reunidos” (dirigido por Hugo Pirovich, miembro y fundador del grupo Congreso), junto a poemas de Pablo Neruda y Gabriela Mistral.
Y se abre la exposición (con 15 obras a la intemperie), la que a primera vista, los estilos se confunden por la pura bravura y talento de este artista nacido en la ciudad de Valparaíso, asombrando no solo los trabajos en sí, si no que también el nombre de estos. Diversidad del artista, demostrando con ello los inquietos años de ejercicios manuales e intelectuales traducidos en experiencia; y que no se pierden en eso de algunos, de querer hacer mucho de todo pero con calidad dudosa. Y no nos confundamos entonces, que lo dispar es solo para algunos y no para ese uno que nos envuelve en su tela presentando de manera inteligente una situación específica alterada para que parezca desorden.
Muestra de esto, es una singular caja colgante, transparente en todas sus caras, que recibe de golpe y a la altura de la nariz  a una sala repleta de conocedores, autoridades, discípulos, colegas, y uno que otro personaje que ya comienza a sorprenderse; en su interior, un “sangrante” amasijo de tela  simbolizando un trozo de carne, cuelga sobre un gancho carnicero (denominado: “La cita de la carne” El corte final”), acompañado de dibujos y versos diversos, y un libro simbólico invitando al estudio. No es un artefacto de Nicanor Parra, ni menos un trozo de carne real y maloliente del siempre inquietante Humberto Nilo; es un “Carvajal” y punto, obra imposible de pasar desapercibida y donde el autor ha decidido plasmar un resumen de su  vida.
A la  izquierda de esta  “Caja colgante”, una ya descolorida acuarela por el paso de los años (fechada en 1996), nos narra que en “La mano, tú deseo”, debiere ser el exhorto absoluto para todo artista con su obra, más allá de la pintura, la poesía o la música que se esté creando.
Otro rasgo de su singular estética, está de manifiesto en una gran senxual sábana, sin bastidor, como si colgare de un tendedero de sus cerros de Valparaíso,  perteneciente a un proyecto de carácter internacional (“Rastros. El ojo privado”) que lo ha llevado a mostrarla por diversos países (evidenciando esa bandera de la integridad que lo caracteriza, a través de diversos proyectos por la América);  dibujos bien repartidos tales como la copa del vino y la lujuria, el brazo desnudo de la carne, o la manzana universal esa del pecado en una serpenteante enredadera, aparecen como si este pedazo de género, con matices rojos y naranjas, estuviere narrando tantas historias ardientes que también son nuestras. 
 “Tentación equívoca”, papel hecho a mano, con impresión de inyección a tinta; “Llave de sol”, o “Valparaíso musical”, óleos sobre tela; “La vid”, en témpera; las que sumadas a las ya descritas, son algunas de sus tantas obras que ha decidido presentar en público, y que muestran a un artista maduro que se arrancado de los típicos referentes pictóricos para crear su propia historia más allá de los estilos clásicos; entre lo figurativo y lo abstracto; entre el vigor de Tiziano o la brillosidad de Rubens; pero resulta que no es ni lo uno ni lo otro, ni tampoco un Balmes o un Matta; es Arnoldo Carvajal Letelier, un apasionado del arte y un obsesionado por la carne, quien muestra todo su realismo en la obra más fotografiada y opinada de la noche: “El corazón de Chile”, una colorida y venosa pintura capaz de entregar diversas lecturas con esos tantos laberintos que siempre han hechizado al artista, y con un camuflado ser tendido en el extremo inferior derecho de esta. Capilla exacta entre la vida y la muerte, teniendo al ser como observando su propia frontera.
Y si hablamos de poesía, la gracia mayor que posee la variada obra de este también curador y gestor cultural, es precisamente esa de tener que “releer” cada trabajo suyo para captar de mejor manera sus mensajes; o sea, más parecido a un ensayo de Octavio Paz que a un fácil verso de Neruda.
Aquí no existe nada como si fuere museo, de eso museológico que aburre en la letanía de lo mismo; no obstante, es una colección digna para ello, en la buena lectura del arte, y en esto de los avances con su querer arrancarse a las centurias con la mochila de la originalidad.
Al finalizar este novedoso recorrido, se aprecia una obra aún sin terminar, semi tapada; el sitial del artista, y sobre este, la paleta que seguirá dando forma a ese durmiente laberinto azulado, como si fuere un fiel retrato de “El pintor y su estudio” de Rembrandt; claro que el protagonista de esta noche se encuentra metros más allá, en la tertulia de la docencia junto a cuatro adolescentes amantes del arte. Es que lo suyo también es la generosidad, por ello se aprecian dos obras como una sola, creadas bajo un mismo tema pero por artistas diferentes, Carvajal, y su joven invitado, el artista nacional (y también gestor cultural) Christian Carrillo Cáceres.
Se le critica al artista no por querer sacar “toda su carne a la parrilla”, si no por no ser más explícito en esto de contar también historias de su biografía (que, al fin y al cabo, es lo que estamos apreciando); esa que hace falta y que narra 20 años de protestas y amarguras como funcionario y observante del estudiantado, perteneciente a la Universidad de Playa Ancha (UPLA, donde se licenciara en Artes), y de lo tanto ocurrido en esta patria; claramente, por que el artista más allá de sus áreas específicas, deber ser también un cronista de la historia y no un egoísta en sus silencios. ¡Manifiestos!
También, se ha extrañado obras de mayor magnitud…que pasta y pincel tiene para ello; pero sobre todo, más compromiso con el designio que los dioses le han encomendado. ¡No al estancamiento o lentitud de los procesos por culpa de procesos otros! ¡Sí al ocio creador de los portentos! Qué se es siempre; simplemente, por que no me gustan las cosas entre tramas invisibles.
También, el atreverse debe ser con sangre, que el vanguardismo y seguir rompiendo esquemas se debe hacer con la furia de un toro y con la misma bandera de la revolución de adolescencia…y no a medias tintas o de vez en cuando por culpa de otros menesteres… mire señor Carvajal que con estos animales pluridisciplinarios no nos encontramos todos los días (la convocatoria, a sala llena, no es menor ni gratis).
Hasta ahora, este artista porteño ha logrado lo que ha querido… inquietar, no dejar a ninguno de sus observantes inconmovibles; veremos qué otro interesante menjunje nos prepara en sus andares siempre novedosos.
Advertencia: el que quiera ver rostros, flores y paisajes diversos, que se vaya al Jardín Botánico; que por aquí solo está el placer inundando estos lares; la evolución; la sorpresa en ese sabroso placer del ser y de la carne…el asombro tan necesario (hasta el 3 de junio).
Julio Fernando San Martín.

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