sábado, noviembre 01, 2014

Respuesta de Andres Brignardello alpost: PARQUE CULTURAL DE VALPARAÍSO. (La delgada línea roja)

Estimado Luciano:

Leí tu texto. Interesante, pero complaciente con la experiencia de dirección de Mellado. La pregunta es la siguiente: ¿Puede un lugar destinado a la cultura desprenderse de una herencia cultural y social por el simple hecho de ser presa de una re-conceptualización de su función como lugar de prácticas sociales por parte de un curador?

Me cuestiono el  asumir como verdaderas las premisas de Mellado para mantener una reflexión respecto al sentido y función de este espacio cultural. Su teoría del encuadre ya es una construcción, de comprensión e inteligibilidad, que daña y no encausa la necesaria reflexión de la orientación cultural de un Parque Cultural en una ciudad compleja como es Valparaíso. Esto, porque nos lleva a un terreno teórico desprovisto de vida y que actúa sobre una dimensión del pasado sin sentido, para ubicar una referencia para su llamada “hipótesis de densidad”. Leer la cultura y las obras de arte como realidad quieta, inmóvil, de una ciudad que ya no existe y que es representada en la memoria como lo hace la misma historia oficial de Valparaíso, es un esfuerzo parcial e interesado.

Me trae a dudas eso de que “la gestión del Parque ha logrado, con todo, la inscripción del espacio en circuitos artísticos y culturales nacionales y latinoamericanos”. ¿ Como medir esa apreciación? ¿Por las exposiciones? ¿Por los visitantes? ¿Por las referencias  en a la gestión en alguna revista cultural de prestigio? Mi lectura como miembro del directorio, es que lamentablemente se vive de iniciativas que tratan de conformar un todo sin lograrlo. Una experiencia más archipiélago que continente, una gestión abocada a satisfacer una pasión personal y por lo mismo ajena a la misma realidad de los artistas y organizaciones culturales de la ciudad. En síntesis a la búsqueda de una valoración en mundos ajenos a Valparaíso y la región.
Esa idea de que “parece ser que la masa crítica de la ciudad, no ha logrado estructurar una oposición conceptual al encuadre de apertura, sino muy por el contrario, se ha socializado una oposición política local al modelo de administración del Parque” es discutible. Yo no creo que la discusión de los opositores se radique en el solo hecho de disentir en un modelo de administración, sino que es crítica a una mirada sobre los usos y usuarios, sobre el arte y los artistas, sobre la idea de residencia, de ocupación y fundamentalmente, sobre las prácticas legitimadas en una programación que comparte algunos mínimos espacios y horarios, pero que no es capaz de empatizar con lo local y con lo precario del sentido humano de la ciudad.

No soy de los que piensan en reducir todo a los gustos de intereses corporativos, pues es necesaria la propuesta técnica y propia de quienes dirigen pero es necesario ser certeros en la percepción de la realidad, pues es la única forma de gestionar y concretar distintas dimensiones de la vida actual de la ciudad y la región.

Tal como lo planteas, una de esas dimensiones de la realidad de Valparaíso puede ser abordada desde una “gestión cultural que supone además de la “lectura de campo” de un cierto ethos y de prácticas sociales, que adecuadamente identificadas e interpretadas, podrían dar paso a un interesante desarrollo de iniciativas de orden sociocultural que por largo tiempo se han sostenido en la ciudad de Valparaíso”. Otra dimensión puede ser también la de definir el mismo Parque como un lugar de memoria, un centro de promoción de valores y derechos humanos donde los porteños sin distinción social ni económico se reconozcan y dialoguen en función de las experiencias sociales vividas y los desafíos que el futuro brinda en la diversidad de ideas.

Pero no creo que toda esta reflexión se reduzca solo al PCdV. Este , es un problema del diseño neoliberal de la gestión política en la cultura y las artes que trata de adecuarse a este capitalismo post industrial que inventa productos artísticos y culturales que no son más que mercancías en el modelo de acumulación y privilegios que hoy se viste en el Valparaíso del turismo e industrias culturales.

Pero volviendo al Parque mismo, no por nada estamos en la situación que estamos. Esa es una responsabilidad del director y por lo tanto política. Desde los mismos días en que se cuadraba con la campaña de la derecha y renunciaba a su propia historia, Mellado renegaba de su propia experiencia para desclasarse en el confuso ritmo de su personalidad. No estamos ante la presencia de un artista o un teórico cuando reflexiona sobre sus responsabilidades en el libro de su autoría,"Esritura Funcionaria", sino ante un político, quien hoy, no contento con justificar su propia derrota en la gestión del Parque trata, abusando de un lenguaje teórico inconducente, de repartir palos a medio mundo, tratando de diluir en su equipo, en el municipio, en el GAM, en el intendente, en las tribus y en todos quienes tienen una opinión sobre el lugar, su propia y única responsabilidad como representante del gobierno de Sebastian Piñera. Leer su blog es francamente vergonzoso cuando denuncia “el tribalismo” que  resume la nueva concepción de la política local, funcionando como un dispositivo de prohibiciones y obligaciones que sellan pactos de ayuda mutua por generaciones enteras y que, estas si, operan como la teoría-del-foco, pero que se ha desfocalizado para representar a agentes que desde pequeñas ciudades del interior organizan el asalto del gobierno regional, que se asienta en la gran ciudad referencial. Siempre existe un interior de región que acumula el rencor necesario para organizar el acoso del gran edificio,  convirtiendo la realidad  en el eco de unas voces que claman por sus intereses en los pasillos del edificio de alguna Intendencia. Lo realmente curioso es que terminan por llamar trabajo territorial a la estrategia de ocupación de oficinas, mueble por mueble. ( último texto de su blog titulado "funcionarato")

En una actitud realmente lamentable, el director del Parque Cultural de Valparaíso, sin ningún grado de autocrítica, se siente con el derecho de apuntar con el dedo a quienes lo critican, no asumiendo con hidalguía, que existe el derecho de opinar sobre todo lugares y gestiones que se financian con recursos públicos y que esta gestión debe hacerse con el más alto grado de transparencia y eficiencia, conceptos que se encuentran en entredicho en el Parque, debido a la discrecionalidad con la que se actúa y donde debiera regirse todo acto, por procedimientos abiertos y democráticos.

Además, su instalación como director fue a todas luces parte del botín de la victoria de Sebastian Piñera, pues no solamente fue un adherente al presidente, sino un rostro y un actor altamente movilizado que no dudó en criticar, legitimamente por cierto, la gestión de los gobiernos anteriores en el terreno cultural, sino que además, y tal como lo confiesa en su libro " Escritura Funcionaria" fue él quien desde el primer día de la victoria de la derecha, y sin mediar ningún grado de participación social o cultural, definió los objetivos y metas del Parque Cultural de Valparaíso. Por cierto es irrisorio ver como critica al nuevo directorio y a las autoridades del nuevo gobierno, cuando el cumplió un papel mil veces peor, cuando renegando de su propia historia, recibe como compensación la dirección de un Parque que lo único que ha conocido de él son su insolencia con los artistas y ciudadanos porteños.

Comparto contigo Luciano, la idea de profundizar una gestión que a todas luces no estuvo a la altura de las luchas y esperanzas que el mundo de la cultura deposito en él. Y con esto no quiero ponerme de parte de quienes se arrogan el derecho de administrar y gestionar un espacio que requiere de las competencias profesionales de alto nivel, sino que trato de leer las expectativas de la experiencia pre-parque y post cárcel, que con sus derrotas y victorias, tozudeces y equivocaciones, son el antecedente directo de una política cultural dirigida a los artistas y gestores culturales de Valparaíso y que se interrumpió con la derrota de la Concertación y que el gobierno de Piñera distorsionó de la mano de Justo Pastor Mellado.

Una cosa es seguro en este tema. Existe voluntad política para recuperar el tiempo perdido y ofrecer un Parque distinto a la ciudad. Un espacio de identidades porteñas, de inclusión, de transparencia, de mucha y diversa actividad cultural para todos quienes lo deseen. Esa es la cuestión y mantener un diálogo con quien no quiere dialogar y se trata de mantener en un conceptualización y reconceptuelización dialéctica que confunde, que reduce y que busca ganar en un terreno donde la única victoria que importa es la de tener un espacio garante de todas las sensibilidades artísticas y culturales de los porteños.

Adiós Luciano y espero que podamos dialogar más respecto a esto.
Saludos.

Andrés Brignardello Valdivia

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