viernes, octubre 31, 2014

PARQUE CULTURAL DE VALPARAÍSO. (La delgada línea roja)



Ocuparé la metáfora de “la delgada línea roja”, frase acuñada por un corresponsal de guerra del periódico londinense The Times, para referirse a la batalla de Balaclava, Crimea, en la cual, el periodista testigo de los hechos, escribió en su crónica: “entre el humo y el fuego de la batalla solo se podía observar desde la distancia la delgada línea roja de los fusileros (“chaquetas rojas”) del 93° Regimiento deHighlanders, que en un temerario golpe de arrojo y valentía lograron detener la feroz carga de la caballería rusa”.

Entonces, ¿Cuál es esta delgada línea roja trazada sobre la cartografía local?, ¿la línea que sitúa al PCdV en la llamada “zona de amortiguación”? y que al decir de Justo Pastor Mellado, permite al Parque actuar como contención entre “los cerros gentrificados” y “el resto de la ciudad, en la ciudad como resto” (1), de este modo el PCdV “se instala como dispositivo de contragentrificación”, considerando además que “este es el modelo de trato que todo Estado mantiene con la cultura: amortiguación de riesgo social.” (2)

¿Es esta línea roja el péndulo entre centro cultural, y, centro de arte? (3)

¿Es esta línea la diferencia entre espacio de mediación y espacio de cohesión social?
¿Es la delgada línea roja la que separa a Mellado, por estos días, de la carga de caballería de las redes sociales y de las “prácticas locales endogámicas”?.

Revisemos el tema.

La hipótesis de apertura de Mellado para el desarrollo de su gestión, es, el establecer un encuadre de densidad cultural, (¿o el período de mayor densidad de la masa crítica de la ciudad?), situado entre 1962, año de realización de “A Valparaíso” documentalde Joris Ivens (su estreno fue en 1963) cuyo relato en off fue escrito por Chris Marker, y, la realización de la obra cinematográfica “Valparaíso, miamor”, del cineasta Aldo Francia, en 1969. 

Entre ambas fechas Mellado ubica su hipótesis de densidad, haciendo su análisis a partir de los elementos que entregan ambas obras: análisis de la arquitectura, análisis de la movilidad de los cuerpos, análisis de la desvinculación social. (4)

Estos tres elementos, conformaron en la fórmula, el encuadre de apertura del PCdV y su posterior programación, en donde la arquitectura del Parque fue definida a partir de la dimensión de sus dos hectáreas y media el cual contiene tres edades de la arquitectura de la ciudad. Corporalidad, entendida como el patrimonio de la ciudad alojado en el cuerpo de sus habitantes y su interacción diaria con la topografía. Vínculos, entendida como el riesgo de pérdida de los vínculos sociales y su “reproducción ritual” en las danzas de salón (vals peruano, cueca urbana y tango) y en la música (bolero, cueca urbana y tango). (5)

De este modo, en el planteamiento de Mellado el PCdV es un dispositivo de lectura, que intenta identificar elementos esenciales y definitorios de la habitabilidad porteña. Para ello “la teoría del encuadre es una herramienta conceptual que modela la captura de indicios de cultura local que determinan la programación.” (6)

Ahora bien, Mellado, establece una clara frontera entre las funciones de centro cultural y centro de arte, definiendo su propio encuadre para la dimensión de centro cultural del Parque a partir de la lectura del imaginario local porteño por medio de “trabajos de campo”. 

En su hipótesis, un centro cultural es “(…) un dispositivo de aceleración del imaginario local. Un dispositivo es un conjunto de procedimientos destinados al estudio de campo, a la lectura del contexto, al diseño de respuestas, al montaje de iniciativas de programación.” (7)

En este contexto, la gestión del Parque ha logrado, con todo, la inscripción del espacio en circuitos artísticos y culturales nacionales y latinoamericanos, la oposición al actual desarrollo del PCdV parece no estar centrada en la discusión del encuadre de apertura desde una mirada crítica, sino más bien, en una crítica social a la delgada línea entre centro cultural y centro de arte, definidas a partir del sentido común, y no, en oposición a las definiciones conceptuales de Mellado.

Es más, parece ser que la masa crítica de la ciudad, no ha logrado estructurar una oposición conceptual al encuadre de apertura, sino muy por el contrario, se ha socializado una oposición política local al modelo de administración del Parque, a la debilitada figura del organismo funcional comunitario (de la cual fui parte del directorio hasta diciembre de 2013), a la imposibilidad de conformar una corporación definitiva, al financiamiento y sus fuentes, a la ausencia de liderazgos políticos, a los porcentajes de representatividad de las organizaciones culturales y al modelo de estatuto de la futura corporación.

El problema obedece más a un encuadre político que teórico y la delgada línea roja pareciera tener un desplazamiento permanente de un territorio a otro.

Por otro lado, pensamos que existe una nueva dimensión del encuadre, ya no de apertura, sino que un encuadre de profundización, de algún modo enunciado y desarrollado desde la óptica de un centro de arte, pero que consideramos debe ser “profundizado”, en el marco orientador de las políticas nacionales de cultura y en el marco de pertinencia y pertenencia de las orientaciones dadas a partir de la memoria de las iniciativas socioculturales características de Valparaíso.

Nos referimos a un encuadre de cohesión social en la gestión del PCdV.

Tironi, en un sentido amplio, la define como “(…) la capacidad dinámica de una sociedad democrática para absorber el cambio y el conflicto social mediante una estructura legítima de distribución de sus recursos materiales y simbólicos, tanto a nivel socio económico (bienestar), socio político (derechos) y sociocultural (reconocimiento), como a través de la acción combinada de los mecanismos de asignación del Estado, del mercado, de la sociedad civil, de la familia y de otras redes comunitarias.” (8)

Desde esta perspectiva, amplia y abierta, y sin existir modelos precisos de cohesión social, Latinoamérica en general y Chile en particular, parecen revisar el concepto y sus enfoques teóricos predominantes: el europeo, en donde la figura del estado es vital en la conformación y estabilidad de la figura y el estadounidense, de corte economicista-liberal, en donde el mercado y la propiedad provocarían una natural cohesión social. (9)

En la búsqueda de fórmulas propias, parece existir un cierto acuerdo en que para el caso latinoamericano, a diferencia de Europa y Estados Unidos, debido a múltiples factores tales como: el desarrollo, afianzamiento y la mayor o menor presencia del estado en determinadas temáticas y ámbitos; razones y resistencias de orden sociocultural y sociopolíticas frente a la figura del mercado; y una memoria social sustentada en relaciones de reciprocidad, han generado que el sustrato natural de cohesión social para nuestra propia realidad sean las relaciones comunitarias y su sustrato cultural. (10)

Lo anterior, quiere decir, que cualquier mirada o desarrollo del tema debe pasar necesariamente por el ámbito de lo social (y quizás, con más precisión, para el caso del Parque por el ámbito de lo local). En una dimensión de gestión cultural supone además la “lectura de campo” de un cierto ethos y de prácticas sociales, que adecuadamente identificadas e interpretadas, podrían dar paso a un interesante desarrollo de iniciativas de orden sociocultural que por largo tiempo se han sostenido en la ciudad de Valparaíso.

Hablamos aquí, del desarrollo de prácticas artísticas que integren tejido comunitario, hablamos, de procesos de creación comunitarios que favorezcan la participación, la inclusión, la puesta en valor de la habitabilidad del porteño. Hablamos de procesos comunitarios de lectura del entorno que favorezcan desarrollos mayores, que aglutinen, que logren crear pertenencia y le otorguen “sentido comunitario” y “apropiación social”, al espacio público del PCdV.

Esto es, trabajo de campo para la búsqueda y experimentación de formas de cohesión social, y no, datos etnográficos para favorecer procesos de formulación de obra artística o que actúen como sustrato conceptual de una programación.

Lo anterior, no invalida las hipótesis fundantes del encuadre de apertura, sin cuya existencia y posterior desarrollo, no podríamos hablar de un encuadre de profundización, independiente de ello, consideramos que contribuyen a ordenar la discusión que hasta el momento sólo se sostiene en la levedad e inmediatez de las redes sociales.

La “apropiación” del Parque ha sido desde largo tiempo, motivo de discusión y análisis local. La discusión, consideramos, no debe estar centrada en la cantidad de visitantes o en la cantidad de talleres para niños y jóvenes, en las relaciones con el entorno vecinal del Parque o en cualquier otro factor que se sostenga sobre la confrontación cuantitativa de impacto frente a otras iniciativas de la ciudad.

La cohesión social, como eje de trabajo de un centro cultural, pasa por la acumulación de saberes y la presencia comunitaria, que a través del tiempo, estructuran una identidad, bien lo sabemos, por ejemplo, quienes conocemos de cerca el potente trabajo, encabezado durante tantos años, por Patricia Castillo en el Taller de AcciónComunitaria del Cerro Cordillera (TAC).

La cohesión social es un proceso constructivo, que es necesario reforzar de modo permanente y que se sostiene sobre las propias relaciones comunitarias, ejercicio en el cual el centro cultural, sólo puede actuar como mediador de procesos, cualquier intento de direccionar o intervenir sólo provoca la pérdida de sentido para los protagonistas, situación insostenible frente a la propia idea de cohesión. De este modo, el eje es reforzar y crear las condiciones para favorecer el actuar y la creación de espacios socioculturales, hablamos aquí de talleres cuyo resultado final quizás no sea un producto de relevancia estética, pero sí, de talleres cuyo proceso comunitario de lectura de realidad y de creación participativa constituyen a lo largo del proceso el auténtico valor de la cohesión deseada.

Años atrás, cuando me correspondió ser Director Regional del CNCA, hice un planteamiento similar para ser desarrollado en Valparaíso, me contestaron que eso era para el MIDEPLAN, y no, para Cultura (¿?). Con posterioridad, como Director de Cultura de la Municipalidad de Valparaíso, volvimos a insistir en el tema, con un auspicioso éxito con talleres desarrollados en varios cerros de la ciudad con el apoyo y patrocinio de la Fundación Paulo Freire, sólo mencionar, que el trabajo que pueden hacer las escuelas locales con las bitácoras de dichos procesos constituye un invaluable material de apoyo para los profesores en la enseñanza de las “relaciones con el medio social y cultural” que es como se denomina a este subsector de aprendizaje.

Aprendizaje, vale decir, un tema a desarrollar en los niños, como fuente de continuidad de la cohesión social, esto es, niños protagonistas activos, y no, receptivos y pasivos desde su pupitre en la sala de clases. Lo anterior significa hacer un encuadre del Parque como espacio educativo, asociado a una red de escuelas y espacios formales de educación, aspecto ya incorporado en el encuadre de apertura, en algunas  muestras, desde la mediación artística por medio de monitores que explicaban a los niños visitantes los aspectos relevantes de las obras expuestas, ello, pensamos, es posible de profundizar en un ámbito más global de cohesión.

Pero volvamos a nuestra delgada línea roja, desplazada ahora, a limitar entre las funciones de centro cultural y centro de arte ¿son espacios excluyentes? pensamos que no. Creemos que las funciones de centro de arte y su fundamento conceptual, deben no sólo ser conservadas sino que profundizadas, como parte constitutiva de las hipótesis fundacionales del PCdV y como parte de un proceso de inscripción del lugar como referente en el circuito artístico latinoamericano.

De hecho, muchas de las residencias artísticas que el Parque ha desarrollado como centro de arte, podrían actuar como vaso comunicante entre la diversidad de funciones identificadas para ambos centros.

Finalmente, señalar, que la cohesión social no es una mirada nostálgica de la década del setenta o de los ochenta, forma parte importante de la discusión en las ciencias sociales de las últimas décadas, de la sociología del arte y de las ciencias de la educación, por mencionar algunos de los ámbitos que organismos internacionales han desarrollado y de la cual hay profusa bibliografía.

Los esfuerzos de UNESCO y dela Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y laCultura (OEI), han puesto especial énfasis en esta materia a través de los espacios educativos (formales como las escuelas e informales como el Parque), los modelos educativos en el aprendizaje del medio social y cultural, la educación artística como medio de construcción de ciudadanía, sin mencionar a Lev Vigotsky, y su Constructivismo Social, como base teórica de todo nuestro sistema educativo, son algunas de las dimensiones sobre las cuales se pueden fundamentar las relaciones entre educación y cultura y cultura y cohesión social.

Dichos planteamientos figuran como base de la Política Nacional de Cultura y como aspecto irreductible de las bases programáticas de la actual administración de gobierno, y conforman en un sentido estricto, el único nicho consistente de cohesión social de nuestro país. Ello, transformaría al Parque en una vanguardia de lo que debiese llegar a ser una política nacional clara y explícita sobre el particular.

¿Dónde está finalmente la delgada línea roja? Es sólo un mito. Como lo es el relato épico de la batallade Balaclava. La caballería rusa no fue detenida por el fuego de la línea de fusileros con sus chaquetas rojas, la Historia (con “H” mayúscula), determina que el general ruso pensó que la delgada línea de fusileros era una trampa y que detrás de ella estaba el grueso del ejército británico, razón por la cual, detuvo su ataque dando vuelta, siendo atacado en su retaguardia por los ingleses quienes obtuvieron finalmente la victoria. Un auténtico bluff de Sir Colin Campbell, que permitió la victoria de su Brigada de Highlanders.

Valparaíso, 27 de octubre de 2014.

Notas:
(1)   Mellado, Justo Pastor. “EscrituraFuncionaria. Ensayos Sobre Políticas de Gestión en Arte y Cultura. Editorial Curatoría Forense. Córdoba. Argentina. 2013. Pág. 39.
(2)   Loc. Cit.
(3)   Ibid. Pág. 57. Al respecto Mellado señala: “Por esta razón, lo primero que hice al llegar al PCdV fue formular a secas las funciones y los dominios de verificación de dichas especificidades; por un lado existen las funciones de centro cultural y por otro lado, en un terreno completamente diferente, existen funciones de centro de arte. (…) un centro cultural carece de pertinencia para satisfacer las exigencias y necesidades de inscripción de los artistas locales en la escena del arte nacional. (…) Esto quiere decir que los centros culturales no deben echarse sobre la espalda la responsabilidad de responder a las demandas de artistas locales que deben operar en otro espacio y bajo otras condiciones de circulación.”
(4)   CFR. Ibid. Pág. 168-172.
(5)   CFR. Ibid. Pág. 169.
(6)   Ibid. Pág. 48-49. En la cita Mellado, refiriéndose a la teoría del encuadre, agrega: “Estos indicios se verifican en un espacio coreográfico social (bolero, cueca, tango), un espacio de representaciones sociales ligadas a las prácticas artísticas (teatro, música, danza, etc), un espacio de representación de la memoria (lugar de memoria política, archivos de lo común), un espacio de recreación (parque), un espacio ceremonial (reparticiones estatales), un espacio conversacional (conversatorios, mesas redondas, presentaciones de libros. coloquios) y un espacio culinario (cocina hogareña porteña).”
(7)   Ibid. Pág 54.
(8)   Tironi,Eugenio. “La Cohesión Social Latinoamericana”. Corporación de Estudios paraLatinoamerica, CIEPLAN. Uqbar Editores. Santiago de Chile. Agosto de 2008. Pág. 19.
(9)   CFR. Tironi, Ibid. Pág 20, en donde el autor puntualiza “Conceptualmente, hay dos puntos de vista o visiones desde los cuales abordar el asunto de la cohesión social (Valenzuela 2006, 2008; Cousiño y Valenzuela 1994): aquel según el cual la cohesión social es un acontecimiento extremadamente improbable, que requiere por lo tanto ser construido y preservado minuciosamente; y aquel que, al revés, estima que la cohesión social es algo fácilmente alcanzable, y lo improbable es que las sociedades se desorganicen hasta el extremo de perder sus estructuras básicas de integración y solidaridad. La primera –como se sugirió antes- es la visión europea y la segunda, la estadounidense (Tocqueville 1981; Arendt 2004; Alesina y Glaeser 2005). En este sentido, Europa y Estados Unidos representan dos formas distintas de ver y construir la cohesión social. La diferencia entre estos modelos tiene su base en que la nación norteamericana es fundada ex novo, en un acto constitutivo preciso, mientras que la sociedad europea es fruto de un largo y complejo proceso que puede ser rastreado al menos desde el Medioevo.”
(10)              CFR. Ibid. Pág. 40-43.

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