martes, junio 28, 2011

A propósito de la Exposición Retrospectiva de Jose Basso


"El Oro de nuestra Tierra."


Inauguración En el Museo de Bellas Artes:
Retrospectiva de José Esteban Basso la casa en el paisaje

Waldemar Sommer 
Siempre una retrospectiva resulta capaz ya de potenciar los méritos globales del artista, ya de debilitarlos, y hasta extremos inimaginables. 

En esto desempeñan el rol fundamental la selección de las obras y su montaje. Felizmente, es el primero de ambos casos lo que ocurre con José Esteban Basso en el Museo Nacional de Bellas Artes. 

Ahí el espectador puede seguir, paso a paso, la evolución del pintor entre 1973 y 2011. 

La abstracción geométrica constituye su punto de partida. Y ella será decisiva, en mayor o menor medida, a lo largo de toda su producción. Así, por ejemplo, "Noche y día" es un díptico donde franjas paralelas de color incluyen un real vacío circular en su centro. 

También el círculo preside un tríptico pictórico de 1981, "Fotografía de la pintura chilena", que ahora se instala dentro de la nueva figuración, a través de sus trazas de cabezas humanas. De igual fecha, con "Radiofoto, el dolor" -atentado al Papa Juan Pablo II-, a partir de un documento periodístico, conquista su plenitud la tendencia adoptada. 

Sin embargo, durante la década de los 70 el artista todavía tiene más que decirnos. 

Por un lado tenemos el par de bonitas "Variaciones sobre Monet", cercanas a lo reconocible; mientras una instalación, aquí documentada fotográficamente, disemina muchísimos óleos de tamaños diversos sobre la arena de playas viñamarinas. A la vez encontramos un conjunto de grabados sobre papel, típicos de la gráfica generacional de los años 70. En éstos sopla un indudable aire conceptual. Excelente testimonio de ello resulta el sólido "Si No", de 1974.

 Como si fuera poca la efervescencia de caminos entonces, luego el hermoso y austero fotograma "Proyección sentimental" (1980) nos trae cinco depuradas vistas de un paisaje serrano, puesto en tensión por un simple y geométrico marco rectangular blanco. El despojo visual de este trabajo anuncia, de cuerpo entero, la madurez del expositor, cuyo minimalismo futuro tan atractivos frutos producirá más adelante.

Una decidida vuelta a la pintura de la nueva figuración y su crítica decidida a la época nos deja ver, a continuación, un grupo de óleos sobre tela, asimismo marcados por la influencia del triunfante transvanguardismo de los 80. Conforman, acaso, el período creativo menos interesante de Basso. 

A fines de la década, las cosas mejoran gracias al aporte abstracto.

 Están, entonces, las llameantes "Figuras en la oscuridad", en especial la número III con la presencia de una imagen que pronto será capital, la casa como esencia figurativa. Inmediatamente después, un políptico se limita a signos elementales, como tizas escolares en el pizarrón.

 De 1990 en adelante se nos ofrece, con frecuencia a través de un rango monumental, las dos figuras reconocibles características suyas: la más extrema síntesis de la casa del hombre y el arbolito desvalido pero siempre resistente, en medio de la inmensidad de panoramas sintetizados, abstraídos de manera admirable.

 No dejemos de destacar así el tríptico "Ocho tiros al amanecer", de insinuaciones un tanto tardías y que comprende la bella tela con el claroscuro de un panorama invernal alrededor del árbol.

En los años siguientes de la misma década, la vivienda humana minimizada llega a pintarse, al modo infantil, pegada al borde inferior del cuadro, con protagónica nube encima y sobre un fondo parejo que pareciera evocar el vacío.

 Por su parte, los años 2000 traen, primero, el formato de la casa cubierto por arquitecturas plenamente figurativas de residencias. También aparecen ambos símbolos fundamentales del expositor dentro de paisajes hechos y derechos, en los cuales no falta un efecto de atmósfera preciso. Entre ellos, el granado ejemplo de "Poema IV, Homenaje a Neruda" (2004) hasta toca fronteras surrealistas. 

Pero, al mismo tiempo, recobra el artista su voluntad volumétrica por intermedio del concepto, a la vez dramático e irónico, que sustenta el minimalismo magnífico de la instalación "Modelos de perfección, el oro de esta tierra" (2000). Ella, más allá de la evidencia del dorado, resplandece con su armonía formal sobre las baldosas negras del museo. 

Y una culminación, entretanto, de los personales paisajes de Basso podrían considerarse dos actuales. Se trata del poderoso tema del par de amplios cuadros "Nube negra" (2011). En ambos retorna el predominio del elemento abstracto. Allí, sobre la base de la limpidez de ejecución, luz y densa oscuridad logran hacer partícipe de su grandeza plástica tanto a la casa y al arbolito de rigor, como a un barquichuelo que ahora se suma a la iconografía protagónica del autor. Fuente Artes y Letras El Mercurio.
 
Gentileza de Josè Basso 

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