lunes, mayo 09, 2011

Vida en el desierto, el sentido del arte, a próposito de la exposición "Los Aluminatos"


(A propósito de la exposición de esculturas en aluminio Los Aluminatos)



Nunca he escrito sobre el arte de la escultura. Esta es mi primera vez. No haré una crítica teórica pues le corresponde a la academia, haré una aproximación desde un contexto testimonial y bajo un ojo poético, tal cual lo hacía Baudelaire con los pintores de su época, entre ellos Delacroix.

Me atrevo a pronunciar mis impresiones sobre Los Aluminatos, una excelente exposición de artistas de la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso y que se presenta hasta el 6 de Junio en la Galería de Arte Vehuel, Serrano 591, Valparaíso.

La exposición se denomina LosAluminatos porque los artistas moldean sus obras en aluminio. Aclaro que no son los Iluminatis, la secta de influyentes personalidades a nivel mundial muchos pertenecientes al Club de Bilderberg que busca crear un Nuevo Orden Mundial y cuyo líder será el anticristo.

Hago un paréntesis aquí pues viene a mi mente algo que sucedió meses atrás cuando un valiente joven de Curicó increpó con una convicción sobrenatural -y en un perfecto inglés- a Rockefeller cuando llegó al  aeropuerto de Santiago para juntarse con su amigo Agustín Edwards, decretando que el gobierno mundial que desean llevar a cabo iba a fracasar. El tono de voz y la fuerza de su declamación eran de una potencia espiritual. Ese joven no le estaba hablando a Edwards ni a Rockefeller, sino, al espíritu detrás de estas personas.


Pero volvamos al arte.

Le propongo al lector hacer un ejercicio lúdico: que se haga pequeño, del tamaño de un pulgar y se imagine que vamos en automóvil por la panamericana cruzando el desierto de Atacama. Luego de horas conduciendo y sin nada a nuestro alrededor vemos un destello en el horizonte. Nos acercamos y encontramos un conjunto de formas de enormes proporciones que hacen sentirnos como hormigas. Observamos algo orgánico, es un cerebro simbolizando la civilización o la inteligencia; lo rodeamos lentamente, quedando atónitos ante su grandeza ¿Podría algún ser humano hacer esto? –nos preguntamos. Más allá aparece a nuestra vista un umbral, otra figura que sintetiza formalmente un misterio que solo el arte puede cristalizar. Pasamos bajo el umbral y sobre nuestras cabezas el metal brilla encandilándonos el entendimiento. Nuevamente preguntamos ¿Podría algún ser humano hacer esto? Silencio, no hay respuesta. Nos acercamos a una forma que se yergue a lo alto como una lámpara, tal vez sea un tótem, un hito ancestral que penetra a las raíces de la tierra y que busca el cielo. Tiene texturas. Cruzamos su sombra que va de lado a lado de la carretera. Más allá nos enfrentamos a dos gemelos gigantes, parecen órganos del cuerpo humano, tal vez senos que dialogan. Pasamos entre ellos. El vacío nos cobija. Detenemos el auto. El viento juega. Nos reímos. Nuevamente preguntamos ¿Podría algún ser humano hacer esto? Estamos en medio de un jardín de gigantes. Miramos hacia atrás y el destello del aluminio tiñe la mirada de blanco, parecen estatuas de sal arrancando de Ur. Seguimos avanzando y enfrentamos una espada sin punta, otra forma sintética que simboliza lo imperecedero. El tiempo se detiene. Los signos son variados, elementales, pero de gran potencia. Vemos un huevo sideral, como una nave que viaja en el espacio tiempo. Entonces a cada lado de la carretera aparecen dos bustos humanos, son Adán y Eva en el contexto de la Creación. ¿Podría algún ser humano hacer esto?  Horror, sobre nuestras cabezas cuelga una medusa gigante, pero ¿Qué la sostiene? Tiene rostro, oscila en su dinamismo. Refleja una sombra que no termina. Silencio. Nos miramos extrañados. Un ser nos observa desde lejos. Vamos hacia él sin poder detenernos. Es un coloso que parece tocar las nieves más altas. Vemos sus manos, cada una del tamaño de un estadio. Está formado por algas que se mueven en ondulaciones. Pasamos debajo de sus piernas. El sol entra por sus ligamentos. Estamos en un túnel orgánico.

En nuestra retina quedan símbolos que gatillan un enigma: el cerebro, el umbral, la espada sin punta, los senos que dialogan, Adán y Eva, el coloso, la medusa, formas que se someten al vacío, que lo llenan, que dibujan en el espacio un borde, una línea tridimensional. El borde entonces viene a sostener cada obra, es la frontera, estamos lejos de las clasificaciones formales para archivar estilos de arte; estamos en el imaginario de artistas del borde, en Valparaíso, y que sumergen sus talentos en lo que puede determinar su existencia –y que la determina- dándole forma a lo invisible, para dejar constancia de lo que dice el refrán: “Ars Longa, Vita Brevis” (La vida es breve, el arte no perece)



-¿Cuál es el sentido del arte? -me preguntó unos de los escultores de la exposición.

-Ver lo invisible y darle gloria al Señor. Si tienes un talento es porque te ha sido dado, entonces debes entregarlo a quien te lo dio –le dije recordando a ese joven de Curicó que le hablaba al espíritu detrás de la persona.

- ¿Pero qué Señor? –me preguntó.

- Sólo hay un nombre dado a los hombres con el poder de redimir, Jesucristo. Si estás solo en el desierto ¿A quién te aferras? –le pregunté.

Silencio.


El desierto es un lugar difícil para vivir y en este relato simboliza el arte. Cruzarlo requiere fe porque es un ámbito donde no hay nada a qué aferrarse. El ser humano puede hacer grandes obras, aunque todas vanas a la hora final, por lo cual, no tiene nada de qué jactarse.

Insto al lector acercarse al arte desde lo invisible, aunque sé que es un ejercicio incómodo para los sabios y entendidos pues excede la razón y la comprensión de todo lo aprendido, reconociendo con ello las propias limitaciones y la necesidad de ayuda. Pero le doy ánimo a subirse a ese automóvil y cruzar un lugar inhóspito con la fe del joven de Curicó, sólo así se moverán los gigantes y habrá vida en el desierto.




La exposición de esculturas en aluminio Los Aluminatos está conformada por obras de Iván Cabezón, Juan del Sante, Henry Serrano,  Gonzalo Tobella, Sebastián Araya, Alfonso Castro, Christian Romo y Said Romié.

Galería de Arte Vehuel, Serrano 591,  Valparaíso. Horario: de lunes a viernes desde las 10 a las 14 hrs, y por la tarde desde las 16 a las 20 hrs. Sábado desde las 10 a las 14 hrs.

Andrés Ovalle, artista visual chileno  nació 11 de diciembre 1970. Se graduó de la Escuela de Diseño de la Universidad de Viña del Mar, Chile. En sus obras visuales, investigar el espacio y la historia del arte universal en el arte contemporáneo, trabajando en la pintura, el arte público y  vídeo.

Para Andrés, la historia del arte y el artista primitivo y su conocimiento intuitivo es muy importante conocer la historia, la memoria y el futuro de los seres humanos.
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