miércoles, junio 27, 2007

Rastros, el ojo privado, diálogo creativo entre México y Chile a través de la plástica







Por CARLOS F. MARQUEZ para La Jornada de Michoacan,Mexico



México y Chile dialogan a través de la propuesta pictórica de 12 artistas cuyos universos creativos convergen en Rastros, el ojo privado, exposición inaugurada el día de ayer en el Centro Cultural Universitario que da continuidad al intercambio artístico binacional que inició en 2006 con la intención de abrir nuevas rutas internacionales a la producción visual contemporánea.



Se inauguró esta muestra como continuidad del intercambio artístico iniciado en 2006


Rastros, el ojo privado, diálogo creativo entre México y Chile a través de la plástica.


Participan 12 trabajos de igual número de pintores, en el Centro Cultural Universitario.






México y Chile dialogan a través de la propuesta pictórica de 12 artistas cuyos universos creativos convergen en Rastros, el ojo privado, exposición inaugurada el día de ayer en el Centro Cultural Universitario que da continuidad al intercambio artístico binacional que inició en 2006 con la intención de abrir nuevas rutas internacionales a la producción visual contemporánea.


La relación de intercambio artístico entre Michoacán y Chile tuvo su origen con el proyecto "El Vino de Norte a Sur", propuesta impulsada por el artista visual Juan Delsante (Chile) y los promotores culturales Alan Islas (Michoacán) y Arnoldo Carvajal (Valparaíso). Lo que inició como un diálogo en las artes visuales se extendió a la literatura y la música tradicional promovida por Los Jilguerillos del Huerto en Valparaíso.


Rastros reúne 12 obras creadas por igual número de artistas. Por parte de México participan: Alejandro Delgado, Celeste Jaime, Carmen Genis, Jesús Moreno, Desmond Ray y Juan Guerrero. La comitiva de artistas chilenos está integrada por Esther Allende, Antonio Guzmán, Klaudia Kemper, Mario Ibarra, Víctor Hugo Bravo y Carlos Navarrete. Aunque las inquietudes plásticas son diversas, se puede ubicar como interés común de los creadores la búsqueda del entendimiento del arte latinoamericano con sus singularidades, divergencias y similitudes.


Tomando como punto de partida la libertad creativa, los diversos rumbos formales y técnicos que convergen en Rastros encuentran unidad conceptual en la idea de utilizar como soporte las sábanas, resignificadas éstas no como simples objetos utilitarios, sino como elementos inherentes a la vida íntima que pueden retener los humores corporales, ser el vestigio del acto amoroso, la travesía onírica o estar impregnadas por el último aliento de vida. Son estos rastros los hilos conductores de la investigación creativa emprendida por los artistas que devienen en detectives.


Durante la ceremonia inaugural, el chileno Antonio Guzmán afirmó que la sábana es la depositaria de los sueños y particularmente de ese sueño bolivariano de traspasar las fronteras con su arte. Las fronteras fueron cruzadas y los chilenos compartieron con Michoacán un arte frontal que no pierde el compromiso social, antes bien, se antoja provocativo al espectador.



Una de las obras más sobresalientes de la muestra es El jardín secreto, de Antonio Guzmán, que ironiza en torno a los prejuicios sociales y tabúes; alude a la sábana destinada para la consumación del matrimonio en la noche de bodas y el espacio central de la composición lo ocupa una ranura por la que tradicionalmente se efectuaba la cópula sin que los cuerpos se tocaran; alrededor representa un laberinto mediante gruesas líneas rosas y en el resto del espacio ilustra aves de llamativos plumajes.


También de Chile, Carlos Navarrete realiza una aguda crítica en Utopía y flores, obra en la que cuelga sobre la sábana una camisa roja tipo polo marca Ralph Laurent y encima del famoso logotipo coloca un botón con el rostro de Salvador Allende. Mario Ibarra también alude a la política chilena con una composición en la que se percibe el caos y una atmósfera decadente, y Víctor Hugo Bravo presenta una expresiva composición en la que se muestra subversivo a las propias lógicas del arte contemporáneo con su obra titulad: Kill my curator.


Por parte de Michoacán, Desmond Ray llena el soporte con un estallido cromático y de líneas vibrantes que le confieren álgida expresividad a la obra. Carmen Genis optó por la sencillez de unos esqueletos apenas sugeridos en manchas negras e impregna el tema de humor al titular a su obra: Eternamente juntos. Juan Guerrero, en su obra Encuentros, establece un interesante contraste de formas, técnicas y colores. Jesús Moreno, en Sueño celular, discurre en forma desprejuiciada en torno al erotismo explícito con interesante manejo de técnicas.


Rastros, el ojo privado se expondrá en octubre en las ciudades de Santiago y Valparaíso, en Chile.


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