domingo, febrero 18, 2007

Una Sinfónica para Viña del Mar ,Chile

Es tiempo que se replantee la excesiva participación de orquestas santiaguinas en las temporadas viñamarinas, de modo de potenciar lo local.


Jaime Torres Gómez
(17/02/07)

LA ALCALDESA DE Viña del Mar, en una reciente columna en El Mercurio de Valparaíso, ha manifestado su claro interés en potenciar a su comuna como un referente cultural.

Allí destaca de la actividad musical docta, explicitando su apoyo a las distintas temporadas musicales viñamarinas, especialmente los Conciertos de Verano en la Quinta Vergara y la temporada en los barrios marginales de la ciudad.

Tiene razón en mencionar tales temporadas, puesto que obedecen a un orgánico programático con objetivos de difusión bien definidos.

Sin embargo, no debe entenderse que hoy exista una actividad que antaño era menos relevante. En efecto, cabe recordar la labor realizada durante varias décadas por el maestro Izidor Händler, a raíz de cumplirse este año los veinte de su fallecimiento.

Händler tuvo la visión de organizar la actividad musical viñamarina de manera sistemática y con una convocatoria internacional. Uno de sus frutos más destacables fue la creación de la entonces Sinfónica de Viña del Mar, orquesta que tuvo una planta considerable y con un nivel de actividad bastante más intenso que el que que registra la alicaída Filarmónica Regional actual.

En la época de esplendor se hicieron ciclos con las sinfonías de Beethoven y Brahms, más la difusión del repertorio estándar. También hubo presencia de directores internacionales y nacionales destacados, así como solistas de la talla de Rostropovitch, Rugiero Ricci, etc.

Es cierto que eran otros tiempos y las prioridades eran distintas, así como las fuentes de financiamiento también lo eran.

Hoy en día la Filarmónica Regional sobrevive principalmente por la buena voluntad del promedio de tres conciertos que le contrata la Corporación Cultural de Viña, siendo, en la práctica, una orquesta casi exclusiva de dicha ciudad.

Lo anterior permite concluir la conveniencia de disponer definitivamente de una orquesta estable local, profesional, de calidad, y que efectivamente sea el organismo musical oficial de la Ciudad Jardín y eje de su actividad musical, como era en los tiempos del maestro Händler.

Disponer de una planta estable de 55 músicos promedio, no es un gasto menor. Pero hay diversas formas modernas de flexibilidad laboral que cierran la ecuación de beneficios y costos.

Por ejemplo, si se destinan recursos para una cantidad específica de conciertos, se incurriría en gastos variables y manejables, en vez del amarre que significa financiar una planta los 365 días del año y con una dedicación no siempre plena. Lo importante es pensar en una cantidad de, a lo menos, seis conciertos importantes y con un requerimiento considerable de músicos que les permita un afiatamiento en el tiempo. Además, propender a actividades de cámara anexas por parte de las diversas secciones de la orquesta.

Lo anterior debiera suponer la presencia de un pool de directores (por ejemplo, 60% a cargo del director titular y el resto con invitados de nivel) y solistas que sean convocantes, con el objeto de fidelizar al público a base de la calidad y continuidad programática.

Es tiempo, pues, que se replantee la excesiva cantidad de orquestas santiaguinas en las temporadas viñamarinas, potenciando más lo local sobre la base de un trabajo sistemático y de alto nivel de exigencia, sin perjuicio de continuar invitando a agrupaciones capitalinas.

Por otro lado, no es soslayable la existencia de una sala con privilegiadas condiciones acústicas como el Teatro Municipal de Viña del Mar, de la que cualquier orquesta profesional quisiera disponer como sede permanente.

Viña del Mar merece reeditar a su ex Sinfónica, aprovechando la estructura de la agrupación hoy existente, siendo la actual Filarmónica Regional el organismo natural con permanencia estable en dicha ciudad la que debiera proyectar su actividad a toda la Región y, por qué no, al país...

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